lunes, 22 de julio de 2013

Terapia

- Teresa, le propongo un juego. Yo le mostraré algunas imágenes y usted me dirá lo primero que se le cruce por la cabeza. Cuando crea que ha terminado solo dígame “siguiente” y sacaré la siguiente imagen ¿le parece?




- Me gusta su juego, siempre disfruté de mirar las enciclopedias y pensar que visitaba cada uno de esos lugares. Hace poco encontré una enciclopedia de Europa con la que pasaba horas viajando de mentirita y fue muy desagradable. Los paisajes estaban desteñidos y opacos. Ya no querría volver.



- Viajemos entonces Teresa, acá está la primera imagen. Diga todo lo que le produce. Sin censuras Teresa.



- Tarde, caía… la tierra se ponía naranja, pero sin jugo, sin el perfume cítrico. Se ve un bosquecito de pinos a lo lejos. ¡Cómo me gusta el olor a pinos! Me hace acordar al verano en Carlos Paz, en la casa de mi abuelo, cuando éramos normales, como cualquier familia. Naranja. Era el sol que le robaba a la tierra su matiz para darle su color, para apaciguar sus tonalidades y cubrirla. ¿Sería la tarde o la madrugada? Este paisaje lento me despeina aunque estoy quieta, inmóvil, mirando el interminable horizonte. La ruta desierta, los campos alambrados. Calma.



Viaje, necesito un viaje, a cualquier lugar. Un lugar como el de esta foto no estaría mal. Ganas de escaparme, con la desventaja de que siempre me voy a tener que encontrar con esta mujer que la tiene clara y pelea con esta niña… todo el tiempo, no lo soporto. ¿Siempre? Hoy. A veces las quiero.



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- Gente, mucha gente, es el mercado de la ciudad de Luxemburgo… no me lleva a ninguna parte. La gente entorpece mi camino, percibo el ruido abrumador, el olor de los cuerpos, los vendedores haciendo ofertas. La vida cotidiana contra el reloj.



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- Alguna vez estuve acá, lo sé, las casa no son más que cadáveres, sin el alma de sus habitantes… sin color. Imagino el tiempo corriendo, las lluvias y los vientos arrasando con la pintura, corroyendo la madera mientras no estaba, mientras tejía otra vida. Las calles de tierra se están achicando, el pasto y los yuyos están ganando terreno, cubriendo todo lo que a su paso se encuentra. Una iglesia se ve a un costado, conserva la cruz, altiva, resistiendo la poca ayuda de dios. Una, dos, tres… seis casas en total, las que veo, las que conservó el artista en papel fotográfico, en el negativo… seguramente hay más.



Alguna vez estuve acá. En esta casa con galería, me hamacaba en esa silla de hierro, acariciaba el gato, una mujer alta de ojos azules me traía la leche. Los recuerdos vienen como torrentes. Era flaca, me miraba fijo cuando se enojaba y no le decía nada. Corría con mis amigos por el campo, con el horizonte infinito, sin miedos… Libres.



Hacíamos el amor al lado del río, debajo del árbol grande, no me quedaba embarazada por pura suerte, o desgracia, porque la maternidad era destino ineludible. La primera vez teníamos 14 años, entró a mi pieza cuando todos dormían y nos escapamos al río, desde ese momento se hizo costumbre. Ella lo sabía pero no decía nada, no le importaba. Alguna vez fui esa, alguna vez voy a volver a serlo.



5 comentarios:

Ookbar dijo...

La belleza es tan subjetiva como dice vd. Y, sí, hace falta un viaje, a cualquier parte, en el espacio; o a cuando uno tenía 14, en el tiempo

Gringo dijo...

Muy lindo. Cuesta explicar por qué hay lugares, caminos, paredes, árboles, o simples piedras pueden generar tanto. Por lo menos eso me pasa a mí. El cuerpo transpira sensaciones que no puedo poner en palabras. Cuando las tenga... ufff

saludos:
elgringo

palabras con ningun sentido dijo...

Mikita, me agrada tu blog y me agrada leer tu libre correr de ideas y deseos. ¿quién no? digo, quién no desearía viajar o de repente ser invisible o mosca para poder mirarlo todo, verlo todo.
Quién no desea saber exactamente lo que piensa alguien más, como se sienta cuando está sol@ que hace, como se desviste o que libro lee en realidad.
Te dejo un cariño

Sergio M dijo...

Ey, soy el único de sus links que no tiene paréntesis!
Muchas gracias por la visita y muy interesante lo del árbol grande al lado del río.

Anónimo dijo...

Que importante es decir pequeñas cosas con intencion de que quienes leen disfruten de sentimiendos,de ideas perofundas y sinceras. Solo saber que alguien está, cuando tu tiempo libre produce luces de colores. Desde algun rincón del corazón se dedican esos momentos en que uno imagina ser un pez. Mis saludos amiga!