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Mostrando entradas de febrero, 2013

La lucidez de los niños

Mi hijo de 4 años en una conversación con su abuela:

- ¿Qué es el pasado?

- Es todo lo que ya pasó, por ejemplo que fuiste al jardín y comiste un alfajor.

- ¿Y el futuro qué es?

- Es todo lo que va a pasar, las cosas que estás por hacer.

- Ah...¡Entonces lo único que existe es el presente!

Duelos

Si tu silencio es miedo analfabeto

Si tu quietud es somnolencia sin consuelo

Si tu ira perdió líquido para frenos

Si tu paciencia tiene estrabismos

Si tu queja nauseabunda es imprudencia



Tu resistencia me dará mucha risa



Y tu silencio tendrá miedo analfabeto

Y tus sueños tendrán poca paciencia

Y tu estrabismo será por imprudencia

Y tu tristeza será inmensa sin Consuelo



Tu llanto apagará mi risa y nos abrazaremos


Porque estoy acá clavada como estaca

Porque un amor se va, pero no estás muerto



Y el tic tac irá tejiendo nuevas luces

Y las presencias cambiarán viejas ausencias

El silencio será miedo y somnolencia

Tu quietud tendrá estoica paciencia

Y tu vida será otra sin Consuelo


Esperaré que me encuentres sin buscarme

Cuando los ojos se desempañen de maleza

Estaré acá clavada como estaca

Para recordarte que el amor no ha muerto

década 30

Tengo 30 relucientes años arrugándose en mis comisuras. Los muy malditos, en vez de darme cintura, me la quitan. Dicen que todas las cinturas van a parar a un fondo único de cinturas abandonadas que serán vendidas a un módico precio a cirujanos estéticos matriculados y a dueños de gimnasios.
30 años que vienen con amigos fidelizados, varias cuentas pendientes y pocas certezas. Me recuerdan que ya es el momento de deshacerse de objetos en desuso, de recuerdos malolientes y lágrimas gastadas.
Hay que limpiar la casa que habita el alma o esta dimensión de la vida que algunos llaman psiquis (si es que todo eso no es una misma cosa). Tal vez, al despejar el área todo se verá más claro. Ya no tendré excusas para resolver cuentas pendientes, encontraré las alas que he perdido y volveré a lavarlas con jabón baja espuma como a ellas les gusta.
Limpiaré la casa, la ordenaré primero y descubriré recovecos en los que el sol no entraba. Usaré mis días sin miedo a que se gasten. Invertiré en afec…

Colón y Cañada

Bajar del colectivo a hora pico es como bajar de una licuadora humana. Antes de tocar el timbre, o de ponerme en la cola de descenso empiezo a juntar partes de mi cuerpo pisoteadas. Busco el perfume del baño recién puesto al despertarme pero lo perdí para siempre. En su lugar vino el olor a gente de mundos apelmazados, olor a combustible, a sudores propios y ajenos. Alientos de estómagos vacíos que se disuelven con el mentol de las pastas de diente.

Mi destino es el ruido. Una cañada que le dice al arroyo por donde ir y en su decisión la coronan los árboles negros de hollín. Esos árboles saben que el arroyo no es tan manso como parece. Ellos lo han visto reirse a carcajadas del destino de los imprudentes.

Transeúntes almidonados de sueño circulan de un lado al otro. No respetan los carriles invisibles, ni conservan su derecha.

Pasan celulares pegados en las orejas y me mandan un sms para decirme ¡buen día srita! no se dan cuenta de que ya soy una señora sin papeles y sin anillo como t…